Cuento Nº19
- El reino de los cuatro señores
Autor: Beto
Valencia
Había una vez una casa que parecía
una mesa y dentro de ella había una mesa que parecía un reino, en ese reino vivían
cuatro señores: alto muy alto, chico muy chico, gordo muy gordo y serio muy
serio. Ahí habían habitaciones y
habitaciones - camas, en una de esas camas dormía serio muy serio. Y esto es lo
que soñó una noche: una tarde mientras caminaba por los alrededores del reino,
escucho un sonido muy lindo y empezó a buscar por todas partes, se tenía que
apurar antes de que le sonido se
apagara. De pronto al llegar al límite del reino, descubrió que el sonido provenía
de fuera del reino. Serio muy serio nunca había salido del reino pero como el
sonido era tan encantador decidió salir. Estaba angustiado porque nunca había salido
fuera del reino y estaba muy oscuro. Observo asombrado, algo parecido a un pájaro
pero hecho de migas de pan. ¡Cucú! ¡Cucú! ¡Cucú!, cantaba el pajarito. Serio muy
serio empezó a reír primero fue una risa tímida pero luego era una risa de
felicidad, reía muy fuerte que le empezó a salir lágrimas. Y tal fue su
felicidad en el sueño que termino despertando, para su sorpresa estaba mojada
la cama. A la mañana siguiente los cuatros señores se levantaron a desayunar. Todos
habían dormido muy bien menos serio muy serio porque estaba despierto desde la madrugada
en la ventana con una mirada perdida. Al ver que pasaba uno de los señores
pregunto
–Has despertado más seriote de lo
normal amigote ¿Qué te pasa? – dijo alto muy alto. Serio muy serio no dijo nada.
- ¿Es que hay una cosilla por mas
pequeñita que sea, que podamos hacer por ti? –Dijo chico muy chico
– Tranquilidad, señores, ya se le
pasara. ¿Les parece si mejor comemos? –propuso gordo muy gordo, apresurándose a
dar su primer bocado.
-¡Aun no! Tenemos un problemota grandotote –dijo alto muy alto, dirigiéndose a
los demás señores.
–No creo, más bien es un problema
diminutillo- dijo chico muy chico
-¿y si primero comemos y lo
después averiguamos? –Insistió gordo muy gordo - Les recuerdo señores que en el
reino se acostumbra a desayunar cuando
todos están sentados en la mesa por lo tanto ¡no podemos de-sa-yu-nar! –dijo alto
muy alto, recordándole sus buenas costumbres.
–Está bien -Dijeron los demás. Alto muy alto se dirigió a
serio muy serio. Lo miro de arriba a abajo, se acercó a su rostro y noto sus
ojos llorosos.
–¡Su cama estaba mojada! – Dijo gordo
muy gordo
–¡Fúchila! Que cosilla tan
asquerosilla –respondió chico muy chico
– ¡No es para tanto! –Dijo alto
muy alto y luego continuó. –Con el permiso de los señores, creo saber que le
ocurre a nuestro compañero.
-¿Qué? –Preguntaron los demás
-¡Esta triste! –dijo él.
-¿Triste? ¡No puede ser! ¡No
puede ser! – repetían una y otra vez.
-Desde que triste muy triste se
fue, nadie más lo había estado – les recordó gordo muy gordo -¡Calma! En este reino todo tiene solución.
Solo hay que descubrir que le puso tan triste y problema resuelto –dijo alto
muy alto
-Cierto. Pero, ¿Por qué serán tan
seriecillo nuestro amiguillo? –Pregunto chico muy chico -Eso no importa ahora, solo
hay que averiguar qué le pasa. –Dijo alto muy alto
-Si es que realmente lo está. – Dijo
gordo muy gordo. Y empezó una discusión
Entonces mientras todos
intentaban encontrar una respuesta, el antiguo reloj de pared dio las nueve y
un pajarito salió a enunciar la hora: ¡Cucú! ¡Cucú! ¡Cucú!. De pronto, ese
sonido que antes no significaba nada, ahora significaba motivo de alegría y
serio muy serio comenzó a reír, los otros señores lo miraron y también comenzaron
a reír. Desde aquella mañana, siempre se escuchan risas bajo la mesa, a la hora
de desayunar.
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