Cuento Nº 17 – Un viaje increíble
– El duende de zumbambico – Ojo de gato
Yo me leído los tres cunetas que
son los que he nombrado en el título de la entrada pero solo elegí un viaje
increíble, espero que les guste.
Un viaje increíble
El profesor nos había mandado a
hacer una investigación sobre los juegos tradicionales, se trataba de que les
preguntemos a nuestros abuelitos como eran los juegos tradicionales cuando eran
pequeños. Cuando se acabó la clase sentí un dolor y sufrimiento porque prácticamente
no tengo abuelos de los cuatro que tenía, tres se murieron y al único que me
queda sufrió un derrame cerebral, no podía moverse ni hablar. Cuando llegue a
casa le hable a mi abuelo sobre la tarea de investigación. ¡Lástima que no me
puedas ayudar abuelo! –le dije--. Estoy seguro de que tú te divertías mucho cuando
eras pequeño y me hubieras podido contar a que jugabas. Entonces el abuelo movió
su mano con gran esfuerzo y señalo el velador que estaba al lado de su cama. Hizo
un gesto para pedirme que habrá el cajón y sacara la cajita de metal, me invito
abrirla ahí estaba el trompo de madera del abuelo con el que habíamos jugado
cuando el abuelo estaba bien. Me convertí en un experto, durante mucho tiempo
fue mi juguete favorito, hasta que papá me regalo un Nintendo Wii en mi
cumpleaños, yo perdí la costumbre de jugar con el trompo. Mi mamá entro y me descubrió
moviéndole a mi abuelo, me regaño pero bien bonito. Subí a mi cuarto y me puse
a disfrutar del regalo del abuelo. Lancé con habilidad el trompo y este se puso
a girar como si le hubiera dado cuerda, empezó a agitarse y a tomar el tamaño
de una persona adulta. Yo me acerque para ver si era realidad todo eso y no era
producto de mi imaginación, empecé a girar con el trompo como si viajara en el
tiempo, cuando paramos de girar el trompo volvió a su tamaño normal y lo guarde
en mi bolsillo. Mire alrededor y todo era desconocido y a no estaban mis juegos
electrónicos en su lugar estaba en una
mesita un radio viejo con una marca rara. Se abrió la puerta y entro un niño que
vestía raro: tenía un chaleco y unos anteojos.
Me recordaba mucho a alguien, pero no recordaba a quien. El niño tomo su maletín
y bajo porque escucho una voz de una mujer, que gritaba: -¡Apúrate Federico,
que le bus de la escuela no tarda en llegar! ¡Entonces era él! ¡Era nada más ni nada menos que el abuelo,
cuando tenía mi edad! Llego el bus de la escuela y él no me veía yo subí con él
y me senté a lado de él, pero como nadie notaba mi presencia en la siguiente
parada se subió un profesor y se sentó sobre mí. Llegamos a la escuela y
entramos al salón yo me senté en la silla del profesor confiando en que el
profesor no se iba a sentar encima mío. No había computadores ni proyector. El maestro
utilizaba tizas para hacer anotaciones en un pizarrón negro. Cuando las
borraba, para volver a escribir, él se impregnaba en el cabello, el rostro, las
manos y la ropa de polvo blanco. Entonces respire aliviado cuando tocaron una campana
para salir al recreo, entonces sí que disfrute y aprendí. Yo salí al recreo y
vi como todos jugaban juegos tradicionales como chullas y bandidos, la cuerda,
pares o nones, rocotín rocotín, de la sala a la cocina, cuantos dedos tengo
encima, el florón, la gallinita ciega, los colores, muévanse las frutas,
matantirun tirulán o el pan quemado. Me sentí muy feliz al ver como los niños y
las niñas se divertían, me entraron unas ganas locas de jugar con ellos. Así que
saque mi trompo y lo puse a bailar. Giraba también, que empezó a roncar…, y a
crecer… de pronto sentí que yo también giraba con el trompo y cuando nos detuvimos
el bailarín había recuperado su tamaño original y yo estaba de vuelta en mi habitación.
Ante el temor de olvidar todo comencé a anotar lo que había pasado en mi viaje.
El lunes siguiente presente mi tarea en clase, el profesor me felicito y me pidió
agradecer a mis abuelos por haberme explicado con mucha claridad tantos y tan
divertidos cuentos. –Solo tengo un abuelo –le dije-. Pero le hare llegar su
agradecimiento. ¡Seguro que sí!
Nació en Cuenca, el 9 de junio de 1950. Vive en Quito desde muy pequeño. Leer y escribir han sido sus oficios fundamentales. En ello ha estado empeñado todavía.
Le gusta, especialmente, escribir poemas y cuentos para pequeñas y pequeños, porque cree que los libros nos ayudan a soñar, que es como decir, nos ayudan a vivir.


Hola Cami tu calificación es de 9/10 por que te faltó la gráfica
ResponderEliminarok Ari es que como el viernes falte yo me habia olvidado la flash y ahi estaban las fotos lo siento ¿puedo recuperar?
ResponderEliminarclaro cami, puedes recuperar hasta el miércoles y maximo hasta el jueves a las 4h00 :)
ResponderEliminarcami te espero hasta mañana la grafica por que hoy no has subido
ResponderEliminaroki pero ari eso y el cuento te subo mas de tardesito porque tengo una reunion muy importante me esperas por favor
ResponderEliminargracias
ResponderEliminarCAMI TIENES 9 EN EL CUENTO 17 Y 5 EN EL CUENTO 18 . TE HE DADO MUCHO TIEMPO
ResponderEliminarAri disculparme ya esta subido el cuento esta es la ultima oportunidad porfis
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